9 de septiembre de 2016

Preguntas incómodas.

A nivel general, los niños/as muestran interés y curiosidad por todo lo que les rodea y nos bombardean con todo tipo de preguntas. Buscan respuesta a gran variedad de temáticas, según sus vivencias y percepciones de los sucesos en los que viven y de los que participan.

Cierto es que en algunas ocasiones, estas preguntas resultan “incómodas” al adulto, ya sea por su temática, o el lugar o en la compañía en la que nos las plantean.

Cuándo y dónde responder a sus preguntas.

Cuando los niños/as nos preguntan, suelen querer nuestra respuesta ya, en ese momento y con todo detalle; aun así, no es imprescindible que así sea, cuando no es posible. Los niños/as tienen que aprender que en ocasiones tienen que esperar a que estemos sólos, a llegar a casa, a que terminemos con la conversación que tenemos entre adultos…; lo importante es que perciban nuestro interés por responderles.

Debemos procurar dar respuesta a sus preguntas, por disparatadas que parezcan, tenemos que hacerles sentir que nos interesamos de verdad por lo que les inquieta o les preocupa.

Cuando no les respondemos, evitamos, esquivamos la pregunta, podríamos provocar el que los/as niños/as crean que es negativo preguntar y poco a poco reducir ese interés por saber, por aprender.

Qué hacer cuando la pregunta es “difícil”.

Es muy habitual que los/as niños/as pregunten por el amor, la sexualidad, los celos, el divorcio, la muerte, el cuerpo… Son temas que les inquietan y les preocupan; el problema es que en algunas ocasiones es al adulto al que le incomoda hablar de

ellos, ¿por qué?, porque no existen respuestas tipo, ni podemos prever su pregunta, o ha sido un tema tabú en nuestra infancia y no estamos acostumbrados a hablar de ello…

Debemos tener claro que no hay que contestar a todas sus preguntas. Hay que demostrarles que nos interesamos por lo que preguntan pero hay ciertos temas en los que tienen que aprender que son privados como por ejemplo la sexualidad de los padres. En estos casos habrá que explicarles claramente que hay ciertos temas de los que no les vamos a hablar porque son nuestros.

En otras ocasiones, y en preguntas más universales como puede ser la muerte, la sexualidad, el divorcio…, lo que suele ocurrir es que el adulto se queda perplejo y desconcertado al observar los temas que preocupan a nuestros hijos/as, pero ciertamente, las respuestas son claras y deben transmitirse con completa naturalidad ya que de hecho durante su vida las iran abordando según avance en su desarrollo con mayor complejidad.

Tenemos que entender que no existen respuestas tipo, correctas, absolutas, no podemos pretender saber responder a todas sus preguntas en el momento, adaptadas a su desarrollo y con total naturalidad. Nuestro primer objetivo tiene que ser proteger a los/as niños/as, adecuar nuestras respuestas a la situación del momento, teniendo en cuenta su desarrollo y sus vivencias personales, y desde ahí responderlas con tranquilidad.

Habrá ocasiones en las que tendremos que decirles incluso que no sabemos la respuesta, no pasa nada, pero es muy importante dejarles claro que les responderemos y de hecho así deberá ser. Cuando estemos preparados para darles respuesta, hayamos buscado la información o pensado cómo explicárselo, lo haremos, de forma tranquila, sosegada, pendientes de su reacción y de sus posibles incertidumbres posteriores.

Es importante que seamos conscientes de que normalmente las preguntas que nos hacen los niños/as siempre suelen estar relacionadas con acontecimientos ocurridos, conversaciones que han oído y no han comprendido, informaciones indirectas recibidas, contenidos explicados que ellos/as han llevado más allá… Sus preguntas nos dan información exacta de sus preocupaciones, nos hacen entre leer dónde están, que les ronda por la cabeza, qué les preocupa y nuestras respuestas tienen que ser el hilo conductor que les permita estabilizar sus emociones y crear serenidad.

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