¿Cómo identificar el origen de una rabieta y cómo actuar ante ellas?

31 de octubre de 2016

Rabietas por frustración o fatiga. Apoyo y estimulación.

A menudo, los/as niños/as tienen rabietas porque se sienten frustrados/as consigo mismos/as. Puede ser tanto porque no hayan conseguido hacer bien una construcción, porque no entendemos lo que nos quieren decir, porque se sienten incapaces de llevar a cabo la tarea con autonomía y con éxito…

En estos casos, lo más importante es que les demostremos comprensión: “sé que es difícil pero tu lo puedes hacer”, “seguro que si sigues practicando podrás conseguirlo”… Y elogiarle por no darse por vencido/a.

Algunas de estas rabietas se pueden prevenir haciendo que se concentre en cosas que puede hacer bien.

Los/as niños/as, tienden a tener más rabietas cuando están cansados, cuando se supera la hora de la noche en la que suelen irse a dormir, cuando no han podido echar la siesta…, porque son menos capaces de afrontar situaciones frustrantes. Las rabietas también aumentan durante una enfermedad.

Rabietas por el deseo de llamar la atención o exigir algo. Mostrar indiferencia.

Los/as niños/as pequeños/as pueden tener rabietas para intentar cumplir con sus intereses y objetivos, por intentar “salirse con la suya”. Tal vez quieran quedarse más tiempo en el parque, comprar algún dulce, o quieran llevar la bici aunque haga mal tiempo.

En las rabietas para llamar la atención pueden llorar, gemir, golpear el suelo o la puerta, cerrar una puerta con violencia, o contener la respiración. Mientras permanezca en un solo lugar y su comportamiento no sea destructivo, la actitud más eficaz pudiera ser dejarles tranquilos/as.

Si reconoces que una situación en particular va a hacer que pierda el control, trata de desviar su atención hacia alguna otra cosa. Sin embargo, no cedas ante las demandas del niño/a. Esto es muy importante.

Durante la rabieta, si el comportamiento del niño/a es inofensivo, ignóralo por completo. Una vez que ha empezado una rabieta, rara vez puede ser interrumpida.

Alejarse, incluso yéndonos a otra habitación para que el/la niño/a ya no tenga la evidencia de que le escuchamos, puede ser una buena técnica para eliminarla en próximas ocasiones o incluso reducir el tiempo de la misma.

No trates de razonar en esos momentos, puedes decirle: “veo que estás muy enfadado/a. Te dejaré sólo/a hasta que te calmes. Me avisas cuando quieras hablar…” Deja que el/la niño/a recupere el control.

Después de la rabieta, adopta una actitud amistosa y trata de normalizar la situación.

Algunas de estas rabietas pueden ser prevenidas dándole al niño/a una advertencia con 5 minutos de anticipación, en vez de pedirle de repente que deje inmediatamente de hacer lo que está haciendo. Una vez que la rabieta ha empezado, deja que siga con ella durante 2 o 3 minutos. Trata de expresar con palabras el descontento por el que está pasando: “Tu quieres seguir jugando, pero es hora de dormir”. Luego, llévale a donde tiene que ir (por ejemplo, a la cama), ayudándole tanto como sea necesario (incluso llevándole en brazos si viésemos que es la mejor opción).

Rabietas de tipo perturbador o destructivo. Utiliza suspensiones temporales.

Algunas veces las rabietas son demasiado perturbadoras o agresivas para que los padres/madres las pasen por alto. En estas ocasiones, manda o lleva al niño/a a su habitación para que permanezca allí de 2 a 5 minutos.

Algunos ejemplos de comportamiento perturbador pudieran ser: El/a niño/a se cuelga de ti o te sigue de un lado a otro durante la rabieta, te golpea, llora y grita durante tanto tiempo que te sientes exasperado/a, tiene una rabieta en un lugar público (calle, restaurante…), tira algún objeto o causa daños materiales durante la rabieta…

Sujeta al/a niño/a cuando tenga rabietas en las que podría causar daño o lastimarse.

Si ha perdido totalmente el control y grita, sujétalo/a. Perder el control probablemente atemoriza al/a niño/a.

Coge al niño/a en brazos, dile que sabes que está enfadado/a y muéstrale, con tu ejemplo, la manera de dominarse. Tenle en brazos hasta sentir que empieza a relajarse. Esto generalmente requiere de 1 a 3 minutos. Luego, suéltalo/a. Esta respuesta reconfortante raras veces es necesaria después de los 3 años de edad.

Algunos/as niños/as no quieren ser consolados/as. Cógelo/a en brazos solamente si esto sirve de algo. Si el/la niño/a dice “vete”, suéltalo/a. Después de que la rabieta haya pasado, a menudo querrá que lo tengas brevemente en brazos. esta es una buena manera de reincorporarlo a las actividades de cada momento.

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