2 de noviembre de 2015

Son muchos los casos y las razones que pueden provocar el que nuestros hijos no se encuentren motivados por el estudio. En ocasiones presentan dificultades de aprendizaje claras, otras veces trastornos educativos que limitan sus posibilidades, pero en otras ocasiones simplemente no demuestran interés por el esfuerzo y el horario de los deberes y el repaso educativo se convierte en una auténtica batalla campal.

Es muy importante que en estas ocasiones mantengamos la serenidad y llevemos a cabo estrategias que puedan solventar la situación. Ellos nos necesitan, no podemos caer en el desinterés, el reproche continuo, los castigos, las amenazas…

Consejos para motivar a nuestros hijos:

1.- Cuando veas que es un área concreta la que promueve ese desinterés evidente, acércate al centro educativo y ponte en contacto con su tutor escolar, incluso si es posible, con el profesor de la materia específica. Analiza con él cuáles pueden ser las razones para este desinterés tan claro y esta desmotivación. En ocasiones tiene que ver con la temática de la materia, el lugar donde esta sentado en el aula, el material de estudio concreto, la forma de evaluar del profesor… No esta de más que analicemos estas variables e intentemos llegar a soluciones comunes.

2.- Nunca le hagas creer a tu hijo que ayudarle en la tarea es hacérsela. Es conveniente que en esta etapa de desmotivación, se sienta arropado, no atosigado, que sienta ayuda y apoyo pero no puede creer que el que te sientes con él en su mesa puede suponer el que le realices la tarea. En este caso puntual puede servir como solución pero a largo plazo sólo perjudicarás al niño. Su nivel de sentimiento de valía personal se reduce notablemente.

3.- El que tu hijo vea que estas pendiente de sus avances y que le dedicas tiempo para conseguir mejor resultado le animará y le dará fuerzas para intentarlo de nuevo.

No olvides que el darle este apoyo siempre debe ser en ambiente cordial, los reproches sólo servirán para provocar mayor rechazo a este tiempo de estudio.

4.- Si tu hijo ve que reconoces su esfuerzo aunque no se hayan cumplido todos los objetivos, se sentirá mejor y se verá más capaz para volver a intentarlo.

5.- Promueve sus puntos fuertes. Cuando los niños sienten que no son capaces, generalizan sus sentimientos. Promueve el que lleve a cabo tareas paralelas en las que sea hábil y capaz, que le gusten y donde reciba reconocimiento por su valía. Es entonces cuando podrá comprender que todo no se nos da bien pero que la practica y el esfuerzo solucionan muchos de nuestros problemas. Aumenta su autoestima. Un niño con alto nivel de autoestima aumenta su nivel de persistencia ante la tarea.

6.- Asignale responsabilidades que promuevan su valía personal, que le hagan sentirse querido, válido y reconocido en el entorno. No siempre todo deben ser obligaciones, en ocasiones la colaboración voluntaria también debe ser recompensada y reconocida como tal.

7.- Analiza con él sus expectativas y asegúrate de que son consecuentes y ajustadas a sus posibilidades. El plantearse metas inalcanzables solo sirve para desmotivarse y sentirse decepcionado.

Debe plantearse objetivos a corto plazo, fácilmente medibles para poder ver que los ha conseguido. De esta forma sentirá que es capaz y valorará el que la planificación siempre es amiga del éxito.

El proceso de aprendizaje no es una tarea fácil. En muchas ocasiones nos encontramos con materias y actividades que resultan más difíciles que otras e incluso a las que no les encuentran sentido. Todo esto reduce la resistencia a la frustración.

El nivel de motivación fluctúa constantemente, y sólo las familias podemos llevar un control exhaustivo sobre ella. Debemos involucrarnos en su día a día, estar alertas y actuar. Cuando ellos sienten que tienen los recursos cubiertos intentan superarse a sí mismos, arriesgan, mantienen la ilusión y las ganas por seguir mejorando

 

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