15 de marzo de 2017

Cuando recibimos las notas de nuestros hijos e hijas debemos ser pacientes, leerlas con criterio y actitud constructiva.

¿Se han esforzado durante el trimestre?, ¿Se han mostrado responsables?, ¿Responden a su esfuerzo?

Parecen preguntas sencillas y de fácil respuesta, pero no siempre lo son.

Cuando se esfuerzan y sus resultados no lo demuestran.

En muchas ocasiones nuestros hijos y nuestras hijas se esfuerzan, pero alguno de los recursos necesarios para el día a día escolar no se encuentra bien desarrollado.

No comprenden adecuadamente cuando leen, no saben expresar por escrito todo lo que saben, son impulsivos o impulsivas y les cuesta organizar sus ideas, cometen errores por descuido, olvidan materiales necesarios para las tareas, les cuesta trabajar tan rápido como los demás del grupo…, estas y muchas otras son dificultades que obstaculizan el día a día de los niños y niñas en edad escolar, reducen la eficacia en sus tareas y su sentimiento de valía personal.

Si creemos que esta puede ser la razón de sus resultados no podemos quedarnos impasibles. Nuestra labor como padres y madres será ayudarles a identificar el problema y desde ahí buscará soluciones.

Es responsable pero los resultados no lo demuestran. Parece que no le importarse.

Cuando nuestros hijos y nuestras hijas se cansan de esforzarse no consiguiendo resultados, se desmotivan, dejan de luchar, de plantearse nuevos retos.

La desmotivación es uno de los enemigos más habituales en nuestra vida, en la de los niños y niñas y también en la de los adultos.

Un alumno o una alumna puede desmotivarse por multitud de razones, percibe la materia como extremadamente difícil, no posee las técnicas de estudio acordes a sus necesidades, no posee hábitos de estudio acordes a la exigencia educativa, han cambiado sus prioridades y por lo tanto sus intereses… cualquiera de estas razones puede ser el origen de alto grado de desmotivación y desinterés.

Conviene que analicemos su día a día, la cantidad de actividades extraescolares, la posibilidad de horas de estudio eficaces, los recursos con los que cuenta para resolver dudas…

De este modo posibilitaremos el que la organización horaria se corresponda con la exigencia planteada y podremos exigir resultados coherentes.

Cuando los resultados son buenos, pero no son acordes a su esfuerzo.

A vista de nuestros hijos e hijas, los resultados buenos son razón de felicitación siempre y los resultados bajos conllevan siempre una reprimenda.

Esto es erróneo, ellos y ellas deben crecer en un ambiente de crítica constructiva. En muchas ocasiones una nota media puede ser razón para una gran fiesta y en otras ocasiones, sin embargo, una pequeña decepción.

El criterio debe ser siempre el esfuerzo.

No todos podemos aspirar a los mismos resultados en todas las materias.

Cada persona suele ser muy capaz y habilidosa en unas áreas, será en estas donde la exigencia será más alta, y demostrará más dificultades en otras áreas, será en estas donde un resultado aceptable se entenderá como un total éxito.

En cualquier caso, nuestro éxito como padres y madres será saber leer entre líneas los resultados, valorar cada materia por su esfuerzo y su actitud en general, y desde ahí reflexionar y analizar para encontrar soluciones.

De este modo evitaremos decepciones, fracasos y desánimo.

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