“Educar sin gritar”. Una buena forma de comunicar.

2 de abril de 2017

¿Quién no ha gritado alguna vez a sus hijos/as?

Educar en sí es complicado, aún así siempre queremos educar a nuestros hijos/as de la mejor manera posible. Lo que sucede es que no siempre educamos como nos gustaría, ya sea por cansancio, por falta de tiempo, por las situaciones en las que nos encontramos o por el propio carácter de nuestro hijo/a. A pesar de todo ello, debemos tener claro que gritar no es un recurso educativo adecuado, ni para el niño ni para los padres.

Frustración, ira, miedo, decepción, rebeldía, gritos

Consecuencias de gritar.

El empleo de los gritos para resolver cualquier situación o conflicto, puede conllevar al deterioro de la autoestima del niño/a. Les genera un constante malestar, estrés, problemas de concentración, frustración y rabia, lo cual no será beneficioso para su desarrollo.

Con ello, puede que no se sienta valorado o querido por sus padres o, por el contrario, puede convertirse en un “rebelde”, desafiando la autoridad constantemente. Pueden también llegar a adoptar esa conducta verbal agresiva y emplearla con sus amigos/as o contra sus padres.

Educar en el respeto, confianza, ejemplo, sin gritos

Educar sin gritos, es posible

Empatía, mirar desde sus ojos. A menudo, se nos olvida que los niños son niños, no adultos. Ven una oportunidad de juego en cada situación, aprovechan cada minuto para tener tiempo libre, sin obligaciones, sin normas. Es importante que, ante una situación de conflicto antes de actuar, de gritar, uno se pare a mirar desde la perspectiva del pequeño, su punto de vista, desde sus ojos.

Dar una explicación válida y ser coherente. El hecho de pedirles que no hagan algo, haciéndolo nosotros, es totalmente confuso. Muchos padres cometen el error de decirles a sus hijos “aquí mando yo”. Esto no es un argumento, por lo cual es importante dar una buena razón clara para que tu hijo/a comprenda y repare lo que está haciendo. Sé coherente en tu mensaje y no contradictorio.

Reflexionar. Hay que pensar si aquello que ha hecho el niño/a es tan grave o no tanto. Si los padres consideran que sí, lo mejor es respirar profundamente, relajar la frustración y disponerse a solucionar el problema. Con la empatía y la reflexión, se podrán prevenir y evitar muchos conflictos, porque se rebajará la ira y se podrán ver las cosas de otro modo.

Escuchar activamente. Muchas veces, los padres consideran que lo que cuentan sus hijos/as no es tan importante, o no les muestran el interés que debieran mostrarles. En ocasiones, cuando hay algún conflicto en casa, los padres no escuchan la versión de los hijos/as, no se les da ni siquiera la oportunidad de explicar sus motivos. Hay que darles la oportunidad de expresarse, de explicar lo sucedido, escuchándoles con atención e interés y dándole importancia a sus palabras.

Gritar no educa

Dialogo. Hay que dialogar de manera tranquila, con un tono de voz sosegado, mirándole a los ojos y poniéndose a su altura, dándole explicaciones que pueda comprender. Pero no sólo tenemos que dirigirnos a nuestros hijos cuando se trata de regañar o señalar lo malo. Es fundamental  también saber reconocer sus esfuerzos y logros y transmitirle cariño y afecto con tus palabras.

Dedicarles tiempo. Es imprescindible pasar tiempo de calidad junto a ellos.

Pedir perdón. Les exigimos constantemente que pidan perdón por sus errores, pero no somos capaces de hacerlo nosotros. Si queremos que integren el perdón como una herramienta para relacionarse, debemos pedírselo también a ellos cuando consideremos que hemos traspasado la línea del respeto.

Dejarles que aprendan a tomar pequeñas decisiones, y vayan desarrollando herramientas para ello.

Gestionar nuestras propias emociones. Como adultos, tenemos que aprender a controlar la ira y poner el freno cuando perdemos el control y gritamos.

Comunicacion, asertividad, empatía, no gritar

Por lo que una buena comunicación entre padres e hijos contribuye a lograr mejores relaciones familiares, estimula la confianza mutua y facilita a los padres su labor educativa.

  • Vanesa Marín Bedoya

    Licenciada en Psicología

    Colaboradora del Equipo de Ikasbila

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