9 de febrero de 2016

¿Por qué nos gusta sobreproteger?

No le decimos la verdad por miedo a que sufra, le damos lo que pide para que no se frustre, le decimos lo que no sentimos para que se sienta mejor, le damos lo que quiere en lugar de lo que necesita… sobreprotegerle no le ayuda.

Todos entendemos que nuestros hijos/as merecen de nuestro cuidado, de hecho, para los padres el querer y cuidar a nuestros hijos/as es un hecho natural, pero esto no implica sobreprotegerles. Cuando sobreprotegemos, realmente lo que estamos haciendo es privar a la otra persona de que viva sus propias experiencias evitando que crezca fuerte, creativo, seguro e íntegro.

El que sobreprotege está protegiéndose a sí mismo. La persona que sobreprotege menosprecia las posibilidades del otro para responder a sus necesidades y en consecuencia no deja al otro demostrarse a sí mismo de lo que es capaz y valorarse en la misma medida.

Cuidar no es lo mismo que sobreproteger. El secreto esta en cuidar y proteger desde el amor, no desde el miedo, poniendo el acento en lo que nosotros queremos enseñarle y no en lo que tememos que le pueda ocurrir.

Como padres tenemos que dedicarnos al cuidado y placer de nuestros hijos/as, pero también tenemos que ocuparnos de las normas educativas que les dan seguridad.

Hay varios estilos de padres en cuanto a esto, unos que se preocupan mucho de que sus hijos/as disfruten y lo pasen bien, padres permisivos.

En este caso, los hijos/as crecen en una infancia llena de diversión pero que a la larga en la edad adulta, estas personas no son capaces de resolver sus propios problemas y tomar decisiones por sí mismos.

Y en el otro extremo estarían los padres que ponen mucho énfasis en las normas educativas sin tener en cuenta la historia del placer de su hijo/a, padres autoritarios. Éstos les dejan claro desde un primer momento lo que tienen que hacer y lo que no. Estos generan hijos/as o excesivamente rebeldes por oposición, o demasiado temerosos o sometidos.

Entre estos dos tipos de padres, se encontraría el denominado padre “laissez-faire”, (“dejar hacer”). En estas familias se vive desde la comprensión y el apoyo, defendiendo la visión del otro. Son padres que priorizan el dejar hacer a sus hijos, atentos, ofreciendo ayuda y apoyo. En estos casos los hijos/as aprenden a valorar su esfuerzo, aprenden a pedir ayuda, saben dónde estan sus limitaciones, son conscientes de los errores y los asumen como constructivos y no como destructivos.

Los padres que sobreprotegemos ni dejamos que disfruten ni dejamos que incumplan normas. Siempre desde nuestro control, midiendo cada movimiento sin dejarles crecer.

¿Cómo intentar NO sobreprotegerles?

Debemos darles cuando piden pero valorando lo que obtienen y permitiéndoles que se frustren cuando sea necesario. Tenemos que darles apoyo y ayuda en los conflictos que vivan pero enseñándoles a enfrentarse a ellos con serenidad, seguridad y confianza, mostrándoles recursos y dejando que ellos mismos elijan, respondan, asuman. Es importante que ayudemos a nuestros hijos/as a pensar, a solucionar sus propias vivencias. Es primordial darle ideas y orientarles pero siempre, siendo ellos los protagonistas de su propio proceso de aprendizaje.

  • Vanesa Marín Bedoya

    Estudiante de Psicología

    Colaboradora del Equipo de Ikasbila

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