Necesitamos de la rutina pero…, es nuestro mayor enemigo.

1 de mayo de 2017

Necesitamos de la rutina.

Desde que nacemos vivimos inmersos en la creación de hábitos y rutinas que nos mantienen seguros y seguras, nos dan tranquilidad porque nos permiten saber lo que tenemos que hacer, lo que va a ocurrir, dónde vamos a estar, qué vamos a hacer, y esto tranquiliza nuestra mente, nos da sosiego y nos permite disfrutar de cada minuto sin tener que preocuparnos en exceso del siguiente.

Aun así, según vamos creciendo la creatividad, las novedades, lo inesperado, aunque muchas veces nos da cierto miedo, nos permite sentirnos vivos, creer en nosotros y nosotras, reaccionar e incluso muchas veces sorprendernos.

Necesitamos de la costumbre, pero necesitamos romperla de vez en cuando.

Las costumbres se van creando en nuestro día a día casi sin pensarlo. Seguramente si te pones a pensar sobre ello te darás cuenta que de las 24 horas que tiene el día, son muy pocos los minutos en los que te paras a pensar en que harás ahora, con quién o por dónde.

Somos personas de costumbres, siempre vamos por el mismo camino, nos gusta comer a las mismas horas, hablar durante el día con las mismas personas… Podrías sorprenderte a ti mismo o a ti misma haciéndote consciente de las veces que miras tu reloj cada día. Todo esta controlado por el gran señor tiempo.

Con todo ello no quiero decir que no sea bueno para nosotros y nosotras que sea así, de no hacerlo de este modo, podríamos crear un caos en nuestras vidas y no digo ya si de ello depende la de otros y otras más pequeños. Sin embargo, es hora de que nos planteemos que tenemos que ir poco a poco cambiando nuestros hábitos y dejando que la vida nos sorprenda, y esto tampoco creas que es tarea fácil, necesita de un entrenamiento y de cierta imposición por parte de cada uno y cada una. Verás que en poco tiempo, ¡sonríes más!, es increíble.

Plantéate cambios pequeños.

Cuando te levantes por la mañana, y tras, sin poder evitarlo, te incluyas en la gran batalla de llegar a tiempo a donde tengas que ir, permítete un minuto, sólo un minuto para parar antes de llegar al trabajo, cuando bajes en el ascensor, al dejar a los niños o niñas en el colegio o cuando montes en el metro, en el autobús, o en el coche.

Permítete un minuto para pensar qué puedes cambiar ahora de todas esas rutinas que haces sin pensar, cambia de camino, no mires el móvil mientras vas en transporte público, sino a la gente, o el paisaje, no llames a alguien por teléfono cada vez que vas de un sitio a otro, para aprovechar el tiempo, compra esa comida que nunca has probado, entra en esa tienda que siempre te llamó la atención, no se, piensa en ello, seguro que se te ocurre alguna cosa, hazla, y verás como… ¡no pasa nada!

Dejar un día sin planes, al azar de lo que acontezca, es una experiencia extremadamente gratificante.

 

Piensa en tí.

Parece una frase sencilla y sin embargo no siempre es eje de nuestras vidas. Dedícate un poco de tiempo cada día, en algún momento. Puedes pensar que es imposible buscar un poco de tiempo ¡todos los días!, no es tan difícil, puede ser al salir del trabajo, antes de llegar a casa, por la noche, tras acostar a los pequeños o pequeñas, durante el mediodía… ¡búscalo! y ahora, no hagas nada, siente la tranquilidad de no tener que hacer nada, y cuando digo nada, es nada, no ver la televisión, no jugar con el móvil, conectarte a las redes sociales, leer, oír música, nada, piensa en tí, en cómo estás, en si te gusta lo que has hecho hoy o lo que hiciste ayer, en lo que necesitas…

Prioriza tu vida social.

Dedica tiempo a estar con tus amigos y amigas, con tu familia, fuera de las obligaciones del día a día, donde puedas escuchar los problemas de otros y otras y sentir que eres parte de su vida, y no te digo ya si ademas puedes ayudarles. Sonríe, ríete de la vida, cuenta anécdotas, disfruta de los momentos pequeños de la semana, relájate y ¡no mires el reloj!

Relájate y escucha a los demás, tienen mucho que contar y no siempre les escuchamos. Ellos y ellas son parte de tu vida, más o menos te conocen, seguro que aunque sean completamente distintos y distintas a ti, siempre te dirán algo que te alegre el día, o sea el centro de tu minuto de espacio para tí, hoy.

Haz algo que te de miedo cada día.

Con esto no quiero decir que tengamos que volar en parapente o trepar por un acantilado. Hablo de cosas sencillas del día a día que están ahí, aparcadas en nuestra mente, pendientes. Llama a ese amigo o amiga con el que hace tiempo no hablas y que ya parece no tener sentido comunicarte, saluda al vecino o vecina y mantén una conversación, aunque sea corta, quizás sea interesante, cómprate esa chaqueta o esos zapatos que siempre te han gustado pero que no “pegan” mucho con tu estilo “de siempre”, cambia tu pelo, reconoce que ya te aburre, pide perdón si hace falta… Piensa sobre ello, seguro que se te ocurren muchas más.

Los hábitos y las costumbres son imprescindibles en nuestra vida pero no pueden cerrar las puertas a nuestra imaginación, a nuestra forma de ser, a ese yo que todos y todas tenemos dentro pero que no nos atrevemos a demostrar. Permítete disfrutar de cada día, sólo hoy podrás disfrutarlo. Manda un mensaje de buenas noches a tu hermano o a tu madre, hace mucho que no lo hiciste, porque sí, porque hoy te apetece, escríbele una frase interesante, que te llamó la atención, a un amigo o a una amiga, porque sí, porque te apetece, compra unos bombones y regalaselos hoy, porque sí, porque te apetece.

Se , y verás como tu vida cambia.

  • Susana Alonso Ruesgas

    Licenciada en Pedagogía

    Equipo de Ikasbila

Tweet about this on TwitterShare on Facebook