4 de junio de 2018

Nace nuestro bebe, y nos sentimos felices.

Nos parece que todo no es como nos lo habían contado pero… cierto es que cada bebe es un mundo. Nos animamos a nosotros mismos esperanzados en que las cosas cambiarán. Se despierta incansablemente por la noche, llora continuamente, el cochecito parece crearle un rechazo increíble… y va pasando el tiempo mientras nos vamos dando cuenta que en todo no puede ser diferente.

Las noches parecen no terminar nunca, se despierta, llora, y cuando te acercas no sabes muy bien lo que quiere, busca tu contacto, busca escucharte, y vuelve a dormirse hasta pocos minutos después.

Su sueño no parece ser reparador, se mueve continuamente, gesticula, incluso, según va creciendo, habla, llora, se enfada… Verbaliza no querer dormir. ¡No le gusta dormir!

Tu alrededor te anima desde su experiencia. ¿Quién no tiene cerca a una familia que haya pasado por un caso similar? Un bebe que llora mucho, que no duerme, insaciable, en definitiva. Y te aferras a sus ánimos “tranquilos, ya crecerá”, “no te preocupes, esto es una etapa”…

demandante

El bebe va creciendo.

Y ese bebe que parecía insaciable, crece, empieza a comunicar sus emociones, como puede, transmite sus inseguridades, si sabes escucharle. Y te das cuenta que crece pero no quiere crecer. Es activo por naturaleza, absorvente, todo lo pregunta, y mejor si es así, porque cuando no pregunta y se hace sus propias conjeturas, la situación se agrava.

Cuando todos los niños y niñas quieren crecer, el tuyo o la tuya quiere seguir siendo bebe, no quiere vestirse o desvertirse sin tu ayuda, sabe hacerlo pero no quiere hacerlo, es capaz de coger los cubiertos, pero no quiere comer con independencia, los juegos son válidos cuando intuyen novedad, después ya se los sabe, ya no le gustan… Busca continuamente algo nuevo, y aunque es capaz de disfrutar muchas veces no es capaz de permitírselo.

observacion

Es muy inteligente, y esto no siempre le ayuda.

Te das cuenta que es capaz de obtener información de cada segundo de su vida, y son muchos, se despierta pronto, la noche no es nunca su aliada.

De todos los acontecimientos de su vida aprende algo nuevo, que quizás tu, como adulto, no sabrás hasta dentro de un tiempo, cuando te sorprenderá con comentarios que creías habían pasado desapercibidos.

Lo cierto es que no siempre es capaz de asimilar y entender, bajo su desarrollo madurativo, todo aquello que escucha, que absorbe del entorno, y esto le provoca inseguridad, conflictos consigo mismo que le hacen mostrarse débil hacia el entorno.

El contacto es primordial en sus vidas.

Las rabietas suelen ser su único modo de expresar lo que siente cuando no es capaz de explicarlo de otro modo. El adulto, impasible ante respuestas desmesuradas sin sentido aparente, se siente desconcertado, incapaz de saber cómo evitar o responder con eficacia a tantas respuestas emocionales fuera de su entendimiento.

Son niños y niñas que demandan atención continua. Todos los niños y niñas demandan atención, cariño, tiempo, y consumen la energia de los adultos que les rodean; sin embargo hay niños que no son demandantes sino de “alta demanda”. Son niños y niñas que muy lejos de ansiar autonomía e independencia, buscan el apoyo continuo para poder crecer con cierto equilibrio.

El exceso de demanda de atención, las preguntas continuas al adulto, las reflexiones desconcertantes para su edad, las rabietas o respuestas emocionales exageradas, los enfados continuos, el “no” como primera respuesta, la falta de descanso nocturno, el excesivo sentido de la crítica… Agotan a los adultos que conviven con estos niños y niñas. El agotamiento no es físico, ni tampoco psíquico, es emocional. Se sienten incapaces de responder a las necesidades de ese pequeño o esa pequeña que depende de ti, y que necesita de ti.

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Características que comparten los niños y niñas de “alta demanda”.

1. Son niños y niñas extremadamente sensibles. De sensibilidad emocional extrema.

2. Colaboradores y voluntariosos o voluntariosas. Les encanta participar en las actividades del día a día del adulto, favoreciendo así la comunicación, el contacto, el aprendizaje continuo y el sentirse bien consigo mismo.

3. Activos y activas física e intelectualmente. Todo es fuente de aprendizaje y por eso todo es objeto de observación.

4. El contacto y la atención del adulto, son necesidades básicas en su día a día. Las necesitan para sentirse bien por eso las demandan incansablemente.

5. Son muy absorbentes, asfixiantes incluso, en ocasiones.

6. Necesitan estímulos constantes que respondan a su interés.

7. Con frecuencia desarrollan cierta precocidad.

8. Se suelen mostrar inseguros o inseguras en muchas ocasiones. Captan tanta información que son incapaces de comprenderla y canalizarla adecuadamente; esto les hace ser temerosos o temerosas.

9. Expresan continuamente su malestar, enfados, rabietas, lloros desmesurados, críticas… Según van creciendo van canalizando algunas de las respuestas pero necesitan compartir sus sentimientos y no son capaces de expresarlos de otro modo.

10. Son persistentes, obstinados, buscan y necesitan una respuesta ya, que les cree seguridad.

Son niños y niñas que viven la vida con extrema pasión, no pueden dejar pasar ni un minuto de sus vidas sin observarlo, entenderlo, ser partícipe de él. Por eso necesitan de nuestra ayuda, para ser capaces de canalizar toda esa información de algún modo.

Son impresionables y temerosos y sólo el adulto puede darles la tranquilidad que necesitan, por eso es muy importante que los adultos que rodean a estos niños y niñas sean conscientes de que no tienen ninguna enfermedad, ningún trastorno, que no es algo que se pasará con los años. Son así, ese es su carácter y su temperamento y necesitan de tí, fuerte, con energía, para responder a sus demandas con serenidad, dándoles confianza, diálogo, cariño. Prestándoles la atención que necesitan pero siendo firmes ante respuestas desmesuradas para que vayan aprendiendo a canalizar sus sentimientos y adaptándose a las exigencias que el entorno les propone.

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Es importante buscar espacios, pedir ayuda si es necesario, cargar energía y no perder la templanza. Son niños y niñas incansables pero con menos recursos emocionales que el adulto. Está en ti ofrecérselos de forma equilibrada.