1 de noviembre de 2014

Ser padre y madre en el siglo XXI no es tarea fácil. Las nuevas tecnologías, la libertad en el tiempo libre, las normas en casa, el respeto en el día a día, son quehaceres que día tras días suponen en muchos de nuestros hogares discusiones continuas, malos entendidos, recriminaciones…

Es por ello, que en ocasiones, poder escuchar la voz de un profesional, pedagogo, psicopedagogo, psicólogo…, puede hacernos ver realidades y puntos de vista diferentes que faciliten el diálogo, los acuerdos, la creación de un ambiente familiar cercano o, por lo menos, basado en el respeto y la comunicación.

Ser niño no siempre es tarea fácil, implica el asumir normas que no siempre entendemos, el tener limitaciones en el tiempo de juego que no nos convienen, e incluso el poseer tareas y responsabilidades que no nos gustan, nos hace creer que somos los más infelices del universo.

Los adultos seguimos creciendo como personas para responder a las exigencias del entorno

Ser adolescente conlleva grandes cambios, no sólo en nuestra vida y nuestro cuerpo, sino también en el desarrollo de habilidades sociales, la creación de criterios coherentes… Que no siempre son coincidentes con los del adulto.

Por eso es importante ser capaces de ponernos en la posición del otro, desde todos los puntos de vista, yo como padre o madre, he vivido mucho, y soy consciente de que por esa etapa yo también pase, pero no creamos que lo sabemos todo. Nuestras circunstancias, nuestro entorno, eran otros y nuestros intereses e inquietudes completamente diferentes.

Las normas deben existir, son necesarias para la estabilidad del entorno e incluso de todos y cada uno de los integrantes de la familia, niños, adolescentes, adultos… Pero deben ser coherentes, adaptadas a las posibilidades de cada uno y, por supuesto, aceptadas y entendidas como necesarias por todos.
El secreto no está solo en estipularlas, definirlas con claridad y objetividad, deben ser parte de nuestro día a día, creando hábitos, e implantarse de forma progresiva, no todas hoy porque ya he llegado al límite de mi paciencia.

Si la situación empieza a ser insostenible, quizás el problema es que hemos esperado demasiado, hemos sido demasiado autoritarios en la implantación de las órdenes o incluso hayamos transmitido sentimiento de poder más que de necesidad mutua.

Las normas deben sentirse como límites que dirigen nuestro comportamiento y nos ayudan a organizarnos con mayor seguridad.

Deben ser la consecuencia de nuestro crecimiento emocional y personal, parte de nuestro sentimiento de reto personal.